El impasse

Todo está lleno de amor.

Aquí me tienes, en pleno impasse. Miro por la ventana: está lloviendo, un pensionista se tambalea sobre la acera. No sé qué decirte, ni bien ni mal. Antes bien, esperando a que suceda algo.

Y es que tengo mi casa llena de cosas (como setas, las cosas) y quiero enseñarle a la gente esta casa llena de cosas. Quiero pedir perdón, a la gente, por mis reiteradas ausencias (tan sólo quise viejar para recoger cosas, y esas cosas acabaron por recogerme a mí, y por convertirme en cosa).

Somos moléculas, una red de sentimientos: acércame el carbono, necesito asentarme; me sobra hidrógeno, ¿te apetece volar? Uno empieza en una punta, y va girando, rebotando, estrellándose contra otros. Pon que de ahí saltan chispas o, más allá, florece el gélido Invierno -y es que cualquier cosa es mejor que quedarse en pleno impasse.

Porque, mira quiero ser sincero. A estas alturas, no me voy a andar con más excusas: uno empieza aquí y acaba allá; no me juzgues, qué sé yo. ¡Es tan difícil hacer el camino inverso!

Pero el caso es que he vuelto, y quiero enseñarle a la gente esta casa llena de cosas. Y que mis cosas sean tus cosas, y que tus cosas vuelvan a florecer (como setas) sobre mi cuerpo desnudo.

Sólo déjame tomar aliento.

Menuda caminata.

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